Pasión por la danza: el arte de hilvanar la vida.

20 May 2014

Esa sensación de tener el corazón volcado al vacío al atarse las zapatillas, sentir temblar las manos, ponerse brea y sentirla crujir debajo de los pies, acomodarse las pestañas mientras se toma un gran suspiro que llene los pulmones de aire al filo de la tercera llamada a pesar de lo ajustado del tutú, caminar a tientas en la oscuridad al centro del escenario. Se recorre el telón en medio de un silencio en tono de expectativa. El corazón salta a mil por hora,  tanto que se escucha a un lado de los oídos y se siente latir en la garganta. En un segundo los reflectores lo llenan todo, la música al fondo y el movimiento en primer cuadro. Esos segundos de angustia y nerviosismo antes de empezar cada función describen la pasión que un bailarín, bailarina o bailadores sienten por la danza sin importar cuántas veces ya se ha hecho antes, si se en nuevo o veterano. La pasión es algo que se estrena cada vez que hay que interpretar una danza y eso es lo que hace al bailarín grande, espectacular.

2-1Cada vez que se inicia una danza se experimenta un mundo completo y mágico, más alto que cualquier otro, que se abre con cada telón. Cada vez se es una existencia nueva, un personaje distinto que está dispuesto a dejarlo todo, absolutamente todo ahí en escena para su público. Se entrega el sudor, la sangre y el dolor con tanta delicadeza, con una sonrisa, pero al mismo tiempo supone una alegría y una libertad las más honestas que se puedan experimentar porque surgen del corazón y de la rabia de querer ser el mejor, la mejor. Cada abrir y cerrar de ojos hay una ceguera de luz, en cada parpadear una ilusión; saltar más alto, girar más veces, subir más las piernas… alcanzar el infinito. Horas, meses, años de práctica. Técnica, barra, piso… y en ese momento sobre el escenario se vuelve lírica, poesía, pura sensación. El bailarín desprende el alma en cada movimiento, hilvana su cuerpo con la música, conquista el espacio y el tiempo en un transe casi hipnótico en donde todo es posible.

2-2¿Por qué bailas? Si te preguntan, he aquí la respuesta: Bailo porque la danza me da la oportunidad de experimentar la vida desde diferentes personajes, diferentes enfoques, buscar en cada uno de ellos quien soy y conocerme a mí mismo. La danza me permite ser una persona nueva cada día, porque puedo seguir siendo todo aquello que me ha salido bien y convertirme en una persona virtuosa y al mismo tiempo me permite deshacerme de todo aquello que me ha salido mal pudiendo recomenzar. Experimento la vida, la muerte, ser una princesa, un cisne. Si caigo me levanto y puedo intentarlo de nuevo, una y otra vez hasta conseguir la perfección. Si me duele me hago fuerte, si me pesa lo soporto. ¡Qué mejor metáfora puede haber para la vida! La danza es un camino con aristas de todos tamaños, lo mismo la vida, y en la vida danzo y danzo por la vida. La belleza es mi cómplice, mi aliada, mi mejor amiga. Hasta lo más grotesco es sublime. ¿Por qué bailo?, ¿por qué no? Bailo para atravesar el universo pues en un escenario se conquista todo, se vence el miedo, se superan las dudas, se aprende a vivir. Bailo para que me vean, para que me aplaudan, es cierto, todo bailarín tiene un toque de narcisismo que nos hace proponernos lo imposible, desafiar la gravedad y la biomecánica.

Al bailar el cuerpo y la mente son una, el equilibrio debe ser perfecto, la eufonía es en la música, en el cuerpo y en el alma, ¿qué sería de un bailarín con el cuerpo desafinado? La danza es armonía plástica, es arquitectura, es encuentro y fuga.

 

larissaGuerrero

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